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Puntos Cardinales

Estados Unidos ya sintió el peligro/Pablo Hiriart

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Miami, Florida.- La actitud desesperada del presidente Trump ante la sombra de una derrota que nunca estuvo en sus cálculos, y el respaldo de grupos armados supremacistas (como Proud Boys), ponen a Estados Unidos en riesgo de crisis política con graves consecuencias económicas, por el capricho de un solo hombre.

Esa posibilidad se hace mayor cada hora, a partir de su desastroso desempeño en el debate del martes, y las encuestas que confirman su imposibilidad de ganar las elecciones que se celebrarán dentro de un mes.

Hay alerta en el país, y –como publicamos ayer en este espacio– los servicios de inteligencia y el equipo de seguridad del candidato Joe Biden deberían redoblar su vigilancia.

Cualquier escenario es posible, por los grupos radicales de psicópatas armados que apoyan a Trump, y por el abierto desafío que el presidente ha lanzado al proceso electoral.

Tienen que cuidar su democracia, y también a Biden.

La prensa asumió su papel y ayer se reflejó en los grandes medios impresos.

En su editorial institucional, The New York Times formuló un vigoroso llamado:

“La actuación del presidente Trump en el escenario del debate fue una vergüenza nacional. Su negativa a condenar a los supremacistas blancos o a prometer que aceptará los resultados de las elecciones traicionó a las personas que le confiaron el cargo más alto del país. Todo estadounidense tiene la responsabilidad de mirar, escuchar y evaluar plenamente al hombre. La ignorancia ya no puede ser una excusa sostenible. Los conservadores que persiguen objetivos políticos largamente apreciados ya no pueden evitar la realidad de que Trump está destrozando los principios y la integridad de nuestra democracia”.

EJ Dionne Jr, editorialista en The Washington Post, puso el foco en el momento crucial que vive este país:

“Donald Trump destruye todo lo que toca, desde las esperanzas de las víctimas inocentes de su estafa en la Universidad Trump, hasta sus propios negocios. Ha dejado el país en ruinas con su manejo de la pandemia. Y el martes demostró que si no puede permanecer en el poder, está preparado para destrozar nuestra democracia.

“Los escombros humeantes que dejó un pirómano político crearon uno de los momentos más bajos de la historia electoral estadounidense y dejaron a todos, menos a los partidarios más fanáticos de Trump, más desanimados que nunca sobre el estado de nuestra vida pública”.

Frank Bruni, en The New York Times, pintó de la siguiente manera la dimensión del peligro de estar en manos de un destructor, que ha puesto a Estados Unidos ante el desafío más grave de su historia:

“Trump continúa llevando una bola de demolición a las instituciones estadounidenses vitales y a las tradiciones estadounidenses sagradas. Lo hizo la noche del martes al proceso electoral, mediante el cual elegimos a la persona que dará forma al futuro del país y nos conducirá a él. Darle una etapa tan grandiosa nuevamente es cometer un suicidio cívico.

“En conjunto, sus ataques a la integridad de las próximas elecciones sugirieron que un país que ha llevado a cabo con éxito las elecciones presidenciales desde 1788 (un primer experimento desordenado, que duró poco menos de un mes), a través de guerras civiles, guerras mundiales y desastres naturales, ahora se enfrenta al desafío más grave de su historia a la forma en que elige un líder y transfiere pacíficamente el poder”.

El prestigiado crítico de televisión del Washington Post, Hans Stuever, señaló que “el primer debate fue uno de los peores momentos de la historia de la televisión”, y advirtió hacia dónde se dirige este país:

“Fueron 95 minutos de prueba de que la nación se ha deslizado hacia una oscuridad irremediable”.

La amenaza para la democracia se llama Donald Trump, alertó ayer el columnista David Sanger, en The New York Times:

“El debate del martes dejó en claro cuál es la amenaza más grave para las elecciones: el presidente mismo.

“La airada insistencia del presidente Trump en los últimos minutos del debate del martes de que no había forma de que las elecciones presidenciales se llevaran a cabo sin fraude, equivale a una declaración extraordinaria de un presidente estadounidense en ejercicio, de que intentaría arrojar cualquier resultado a los tribunales, el Congreso o las calles si no es reelecto”.

El historiador Michael Beschloss, autor del libro Presidents of War, expresó su estupor: “Nunca hemos escuchado a un presidente arrojar deliberadamente dudas sobre la integridad de una elección, de esta manera, un mes antes de que suceda”.

No hay defensores fuertes de Trump dentro del Partido Republicano por su cercanía con grupos racistas armados, evidenciada en el debate, sino todo lo contrario.

El único senador negro que tienen los republicanos, Tim Scott, de Carolina del Norte, reprochó a Trump: “El supremacismo blanco debe ser denunciado en todo momento. Creo que (el presidente) se ha equivocado y debe corregir. Si no corrige, quiere decir que no se equivocó”.

Mitch McConnel, líder de los senadores republicanos, declaró: “Con respecto al tema del supremacismo blanco, quiero unirme a los comentarios de Tim Scott. Él dijo que era inaceptable no condenar a los supremacistas blancos, y por eso lo hago de la manera más enérgica posible”.

Su candidato, Donald Trump, no corrigió ni condenó, sino que se fue por la tangente: “no sé quiénes son esos chicos Proud Boys”.

Claro que lo sabe, son el grupo armado que le apoya, que se hizo presente en Kenosha, Wisconsin, donde uno de los suyos, el adolescente Kyle Rittenhouse mató a balazos a dos ciudadanos negros en una manifestación por la igualdad racial.

Demasiados fanáticos sueltos y armados en este país, dispuestos a todo. Igual que el presidente-candidato.

Un amplio sector de los estadounidenses ya percibió el peligro y ha decidido cuidar su democracia, con la prensa por delante.

Dados los antecedentes en este país, también deberían cuidar a Biden.

Pablo Hiriart/Uso de la Razón/El Financiero.

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