
Jorge Carreño Ferández/Infored
¡Ay, Veracruz, tierra de jarochos y de escándalos que no se los brinca ni un maromero profesional! Y es que ahora el temblor no viene de la tierra, sino desde los pasillos del Senado, donde el epicentro lleva nombre y apellidos: Adán Augusto López Hernández, mejor conocido —por sus amigos de confianza y sus detractores con sorna— como la calabaza amarga del sexenio ¿Por gruñón, altanero y agresivo?
Resulta que el flamante presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado se nos andaba vendiendo como hombre de mano firme y moral de mármol, pero ¡oh, sorpresa! ahora aparece como el presunto protector del ex secretario de Seguridad Pública de Tabasco, el fino caballero Hernán Bermúdez Requena, a quien no acusan de robarse un bolillo, no señor, sino de encabezar la banda delictiva “La Barredora”. Sí, como lo leyó usted: el hombre que debía combatir al crimen, al parecer, barría pero para su lado.

El escándalo, con tufillo a narcopolítica y traiciones, ya cruzó el río Grijalva y empieza a salpicar fuerte en Veracruz, donde varios personajes de la vida pública ya están buscando refugio o, cuando menos, abogado de confianza. En los cafés de Xalapa, Veracruz y Boca del Río se comenta que los Yunes Linares, Manuel Huerta Ladrón de Guevara y el diputado mexiquense, pero con intereses en Minatitlán, Sergio Gutiérrez Luna, están agarrando el rosario y viendo cómo se van a deslindar del Padrino Adán.
Renuncie o no a la JUCOPO, lo cierto es que el sismo político tiene réplicas fuertes. En la Cámara Alta, los senadores de Morena, PVEM y PT ya le aplicaron la técnica de la “sana distancia”, y no por cuestiones de salud pública, sino por salud electoral. Lo ven como a un tío incómodo en la cena navideña: apestado y con cara de “yo no fui”. ¡Y pensar que hace unas semanas hasta selfies se tomaban con él!

Y los diputados federales no se quedan atrás. Varios de los que se desvivían por salir en la foto con “la calabaza amarga” ahora andan aplicando el delete rápido en redes, borrando evidencias como si eso los librara del tsunami que se viene.
Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum, con su elegante frialdad científica, ya dijo que “hasta hoy” (ajá… hasta hoy) no hay una investigación formal en la FGR contra López Hernández. Pero en política mexicana ya sabemos lo que eso significa: que se preparen los de al lado, que el que sigue ya está en lista de espera.
Y hablando de listas, no se sorprenda si muy pronto, desde algún despacho con el sello de Interpol, nos llega la postal de Bermúdez Requena detenido y hablando como perico en celo. Porque si algo tienen los narcofuncionarios en aprietos es que cuando caen, cantan mejor que Luis Miguel en sus buenos tiempos. Y ahí sí, ¡que inicien los juegos del hambre!
Se sabrá entonces quiénes se beneficiaron de los millones malhabidos de “La Barredora”, y veremos si algunos de los que hoy se persignan en redes sociales no aparecen en la lista de nómina de la organización criminal.

Por lo pronto, en Veracruz, ya hay viudas políticas —y no precisamente negras— que se están quedando sin padrino, sin línea y sin presupuesto. Y como aquí no hay paso sin huarache, más de uno ya anda tocando puertas en otras filas, buscando redención anticipada antes de que el ventilador comience a esparcir materia fecal.
Adán Augusto, por su parte, reapareció muy serio, con su ya clásica expresión de “a mí ni me miren” y una gráfica del SESESP en la mano, como quien saca una estampita para espantar al diablo. Dice que no ha sido requerido por ninguna autoridad, pero que está “a la orden”. ¡Pues menos mal! Porque con tantos fuegos, más le vale estar a la orden… del día.
Así las cosas. El guion todavía no se termina, y los protagonistas apenas están tomando asiento para el segundo acto.
¿Y usted qué opina, estimado lector? ¿Le va a Adán o ya lo ve como calabaza del día de muertos?