Ciudad de México.— A sólo ocho días del arranque de la Copa Mundial de Futbol, el corazón político, económico y turístico del país quedó prácticamente sitiado. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) convirtió este martes y madrugada de miércoles al Centro Histórico de la Ciudad de México en un gigantesco tablero de presión política donde miles de ciudadanos quedaron atrapados entre bloqueos, marchas, campamentos y caos vial.
Desde las primeras horas del día, contingentes provenientes de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Zacatecas y la propia capital extendieron su plantón alrededor del Zócalo y tomaron algunas de las principales arterias de la metrópoli: Paseo de la Reforma, Insurgentes y Circuito Interior.
La ciudad simplemente colapsó
Automovilistas permanecieron durante horas atrapados en embotellamientos kilométricos; usuarios del transporte público caminaron largas distancias para llegar a sus destinos; comerciantes observaron impotentes cómo las ventas se desplomaban mientras los accesos al Centro Histórico eran restringidos por filtros policiales.
La imagen más simbólica de la jornada ocurrió frente a una de las esculturas instaladas con motivo del Mundial de Futbol. No sólo fue derribada, sino vandalizada con una advertencia que resonó como amenaza política:
“Si no hay solución, no rodará el balón”

Mientras la ciudad se paralizaba, grupos de manifestantes incluso improvisaron una “cascarita” de futbol en pleno cruce de Insurgentes y Bucareli, utilizando las vialidades bloqueadas como cancha y convirtiendo el caos vehicular en un escenario de protesta.
La CNTE exige un aumento salarial del 100 por ciento, la abrogación de la Ley del ISSSTE y la preservación de su esquema de jubilaciones y pensiones. Los líderes del movimiento demandan además una negociación directa con la presidenta Claudia Sheinbaum.
Los comerciantes del Centro Histórico denunciaron pérdidas cercanas a los 100 millones de pesos diarios y advirtieron que más de 30 mil negocios, restaurantes, joyerías, tiendas de ropa y establecimientos mayoristas están siendo afectados por las movilizaciones.
La presión no se limitó a la capital
En Oaxaca fueron tomados centros comerciales y el Zócalo; en Chiapas se reportaron bloqueos carreteros y afectaciones a instalaciones de Pemex; en Guerrero hubo actos vandálicos contra el Congreso local y vehículos; en Sonora fueron bloqueados cruces fronterizos en Nogales; mientras que en Michoacán manifestantes cercaron la Casa de Gobierno.
La magnitud de las protestas obligó incluso a modificar actividades institucionales. Ministros de la Suprema Corte tuvieron que sesionar en una sede alterna; diputados locales cancelaron reuniones programadas; y la propia presidenta Claudia Sheinbaum realizó una reunión virtual con empresarios españoles debido a las dificultades para acceder a Palacio Nacional.
Por la noche, la respuesta gubernamental llegó mediante un mensaje conjunto de las secretarías de Gobernación, Educación Pública y el ISSSTE, cuyos titulares llamaron públicamente a reanudar el diálogo.
Sin embargo, al cierre de la jornada, la CNTE mantenía intacta su capacidad de movilización y su advertencia seguía vigente.
Paradójicamente, mientras el Centro Histórico permanecía cercado por manifestantes, a unos cuantos kilómetros de distancia la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunciaba desde Chapultepec el evento mundialista denominado “La ola más grande del mundo”, previsto para realizarse precisamente sobre Paseo de la Reforma, una avenida que hoy permanece bajo control de los contingentes magisteriales.
A ocho días de la inauguración mundialista, la capital mexicana enfrenta una escena inédita: una ciudad que se prepara para recibir al mundo mientras libra, simultáneamente, una de las mayores demostraciones de fuerza política y sindical de los últimos años. Vía Reforma.