
Xalapa, Veracruz .- A las 18:30 horas todo estaba listo para la emoción del futbol en Palacio Municipal. Lo decía la pantalla gigante que se instaló para la transmisión del tercer partido de la Selección Mexicana, lo decían los fanáticos que desbordaban la Zona Fan, lo decía la música de mariachi, y la gente que no paraba de llegar con sus playeras verdes y blancas.
Y es que, aunque el Tricolor llegaba como líder del grupo y ya calificado a la siguiente ronda, todos querían ver a los verdes ganarle a Chequia, dar un golpe en la mesa, gritar “goool”, llegar a los dieciseisavos con paso perfecto. Por eso, la gente echaba porras, agitaba las banderas, sonaba las trompetas y hasta bailaba al son de la música de banda.
No, nadie se quería perder el juego. Lo mismo se veía a niñas y niños, que a la mamá, al papá, a las familias, a los que llegaban armados con refrescos y chicharrones, con trompetas y matracas.
Ahí estaban las y los Directores, el Síndico Único, Dr. Marco Aurelio Martínez Sánchez; el Secretario del Ayuntamiento, Mtro. Víctor Hugo Meza Cruz; hasta que a las 18:36 horas llegó la Alcaldesa, Lic. Daniela Griego Ceballos, con su camiseta de la Selección, para apoyar como una más de la Nación Verde.
Todo era sonrisas, expectación, nervios que se calmaban con las palomitas con salsa que regalaba la gente del Ayuntamiento, hasta que a las 18:45 horas entró la Marching Band Murga Pambazos de Bisteck, así, con los tamborazos, silbatos, trompetas y su “Amigo negro José”, y aquello ya era un carnaval, una fiesta, porque el patio central de Palacio Municipal era una catedral de futbol donde ondeaban las banderas.
Entonces sonaron los himnos nacionales, una doña aplaudía emocionada el de Chequia, pero eso fue nada comparado con lo que se sintió con el “mexicanos al grito de guerra…”. La gente se paraba, cantaba, se ponía la mano en el corazón, jalaba aire para seguir cantando, gritaba, aplaudía, “Mé-xi-co, Mé-xi-co”, gritaba, y las trompetas sonaban.
Algunos seguían llegando por sus palomitas de a grapa, y unos más no despegaban los ojos de la pantalla para ver a la Selección. A las 19:00 horas exactas rodó el balón y otra vez se oyó el “uuuhh”, gritos, más gritos, aplausos.
La tensión empezaba. Chequia no soltaba el balón, lo paseaba, hasta que México se animó, pisó el área. “Es falta, es falta”, decía la doña casi queriéndose jalar los pelos.
Cinco minutos, partido trabado, la defensa mexicana amenazaba con cajetearla, “ah”, gritaban los aficionados, aplaudían cuando la defensa reventaba la bola. “Ayyyy”, se agarraban la cabeza cuando el tiro de Chequia apenas se iba desviado, hasta que pasados los 9 minutos llegó la primera de peligro, luego el “Memote” cayó en el área, parecía penal. No importaba, el grito de México regresó.
“Memote” se crecía, “Piojo” se achicaba, el “Niño Maravilla” paraba de su asiento a más de uno. Centro cortado. Aguirre apretaba los labios. Tiro de Chequia y otro soponcio. Avanzaba el cronómetro, otra de México, la gente se paraba, saltaba, se lamentaba, pelota larga para Mora.
Nadie se movía, la tensión se sentía en el aire, en los músculos de la cara, hoy tocaba sufrir. Veintidós minutos y pausa de hidratación.
Unos se paraban, se estiraban, y unos más se lanzaban por las palomitas o hacían la ola. Tras la pausa, México llegaba a los empujones, Chequia respondía con tiro, nuevo susto. Nuevo pase fallado de México, y la fiel se empezaba a impacientar.
Casi le cae a Quiñones, otra vez el “ayy, ayy” de la gente que brincaba como con resortes de su silla y otra vez se tenía que volver a sentar porque el gol no caía. Minuto 32. Par de roscas. “Vamos, dale”, decía la señora, pero el partido no aceleraba. Al 35 y medio falta para México. ¿Quién le pega?, nadie, fue centro, chilena de Reyes, grito de “ahhhhh”. Cerca. Otra aproximación “Ay, Piojo”, se oía allá cuando el Chiva la volvió a cajetear.
Tiro tapado de Mora, parada del portero. El “Piojo” estaba solo, solo, la afición se emocionaba, saltaba de las sillas, apretaba los puños para festejar. Ahí está, “no, no, no”, se lamentaba otra vez la fiel, Alvarado la voló. Cuatro minutos de compensación. Tiro de Quiñones. Nada. Se fue. Nada para nadie.
El segundo tiempo inició con emociones, aproximaciones, gritos, manos en la cabeza, lamentaciones. No caía el gol. Hasta que al 55, “El Tiloncito” Mateo Chávez entró solo al área. Pase a la red. Sí, “gol, goool”, cómo no. Gritos, saltos, abrazos, todos festejaban, festejaba la Alcaldesa, el Síndico Único… la Zona Fan era una explosión de felicidad.
“Por favor, otro gol” decía el enmascarado de las Chivas. Imploraba. De pronto, se armó la melé en el área y Quiñones le hace caso al enmascarado. Gol al 61. Todos de pie aplaudían, gritaban “Mé-xi-co, Mé-xi-co”. Las trompetas sonaban, las banderas ondeaban. La Zona Fan era pura alegría y emoción.
Después todo fue pelotear y aguantar hasta que al 77 con 25 entró al campo Guillermo Ochoa, “El Seis copas”. La gente aplaudió, gritó, pero eso fue poco con lo que se vivió al 90, con el disparo de Fidalgo. El tercero en la frente. La afición saltaba, chocaba las manos, se volteaba para abrazar al de lado. El grito de México otra vez estalló.