El humo dejó de salir de las chimeneas del Ingenio San Pedro y, con él, se apagó uno de los últimos motores económicos de la cuenca cañera del sur de Veracruz. La declaración de quiebra de la factoría, propiedad de Grupo Porres, no solo clausura una empresa con décadas de historia: amenaza con arrastrar a miles de familias cuya economía depende de la caña de azúcar y vuelve a exhibir la fragilidad de un sector atrapado entre la competencia internacional, los altos costos de producción y la ausencia de una política industrial capaz de sostenerlo.
El cierre, consumado en agosto de 2026, deja en la incertidumbre a cerca de siete mil productores de caña, además de obreros, cortadores, transportistas y pequeños comerciantes de Lerdo de Tejada, Salta Barranca, Ángel R. Cabada, San Andrés Tuxtla y Santiago Tuxtla. Mientras la empresa entra en un proceso concursal, trabajadores y abastecedores denuncian que no existen garantías sobre el pago de liquidaciones, salarios y adeudos acumulados, un escenario que amenaza con extender el impacto económico mucho más allá de los límites del ingenio.
La historia resulta inquietantemente familiar. En 2012, la quiebra del Ingenio San Francisco provocó una ola de desempleo, migración y cierre de negocios que transformó el paisaje económico de Lerdo de Tejada. Catorce años después, la región vuelve a enfrentarse al mismo dilema: cómo sobrevivir cuando desaparece la industria que articula el empleo, el comercio y buena parte de la vida cotidiana.
Las causas del colapso son múltiples y reflejan los problemas estructurales de la agroindustria azucarera mexicana. A las dificultades financieras de la empresa se suman el incremento sostenido de los costos de energía, combustibles e insumos, la volatilidad de los precios internacionales y la presión que ejercen las importaciones de azúcar a menores costos. Productores y organizaciones cañeras añaden otro factor: el llamado “huachicol azucarero”, un mercado irregular que, aseguran, ha distorsionado los precios y reducido la competitividad de los ingenios nacionales.
Rafael Lindo Chaga, dirigente del Frente de Organizaciones Sociales y Económicas del Campo (FOSEC), ha advertido que la desaparición del Ingenio San Pedro puede desencadenar un efecto dominó sobre la economía regional. En una zona donde la zafra moviliza transporte, comercio, servicios financieros y empleo temporal, la paralización del ingenio significa mucho más que el cierre de una fábrica: implica la ruptura de una cadena productiva que sostiene a miles de hogares.
El caso también plantea interrogantes para los gobiernos estatal y federal. Más allá del procedimiento mercantil que seguirá la empresa, la quiebra vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de una actividad estratégica para Veracruz, el principal productor de caña del país. La ausencia de mecanismos eficaces para rescatar unidades productivas, proteger a los pequeños abastecedores y garantizar los derechos laborales convierte cada cierre en una crisis social de gran escala.
En Los Tuxtlas, el silencio de los molinos es mucho más que una imagen industrial. Es el recordatorio de que, cuando un ingenio desaparece, no solo dejan de producirse toneladas de azúcar: también se erosionan el empleo, la estabilidad económica y las expectativas de comunidades enteras que han vivido durante generaciones alrededor del ritmo de la zafra.