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Festival del Mar: música, cultura y emociones frente al Golfo

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Coatzacoalcos, Ver.— La noche cayó sobre el Golfo como un telón. Pero en Coatzacoalcos nadie parecía dispuesto a irse a casa.

Frente al mar, miles de personas habían llegado para escuchar una voz capaz de llenar teatros, pero que esa noche decidió medirse con algo mucho más grande: el horizonte.

Entonces apareció Javier Camarena.

Y durante varios minutos, el ruido de la ciudad pareció desaparecer.

El tenor veracruzano tomó el escenario del Festival del Mar 2026 y, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Xalapay Tlen Huicani de la Universidad Veracruzana, convirtió la costa en una gigantesca sala de conciertos. No hubo paredes, ni techos, ni límites acústicos: sólo música, viento y miles de espectadores.

Perfume de gardenias abrió una puerta hacia la nostalgia. Después llegó Bachata rosa. Y, como si el tiempo pudiera doblarse, un medley de Agustín Lara devolvió al escenario la memoria del Flaco de Oro, ese Veracruz musical que alguna vez aprendió a cantarle al mundo.

Pero la noche todavía guardaba una carta.

Cuando sonaron La bruja y El cascabel, la solemnidad de la música clásica se encontró con la vitalidad del son jarocho. El concierto dejó de ser simplemente un espectáculo: se convirtió en una conversación entre generaciones, entre la tradición y la modernidad, entre la música académica y la raíz popular.

Desde el escenario, la gobernadora Rocío Nahle García reconoció a Camarena, a la Orquesta Sinfónica de Xalapa y a Tlen Huicani por llevar la identidad cultural de Veracruz más allá de sus fronteras.

Y anunció una noticia que elevó todavía más la noche.

El próximo 13 de agosto, Veracruz será invitado de honor en la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, con Javier Camarena como uno de sus grandes representantes.

Vamos de lujo. Es un orgullo contar con talentos como usted y con su generosidad”, expresó la mandataria.

La frase parecía resumir lo que ocurría frente al mar: Veracruz no estaba solamente mostrando su cultura; estaba proyectándola.

Del bel canto al corazón popular

Y cuando parecía que la noche había alcanzado su punto máximo, el escenario cambió de piel.

Llegó Natalia Jiménez.

La española tomó el relevo y llevó al público por las canciones de su gira La Jiménez. El triste, Si no te hubieras ido y Perdición encendieron otra clase de emoción.

Si Camarena había puesto al público de pie desde la elegancia del bel canto, Natalia lo hizo desde la memoria sentimental de las grandes canciones.

Dos voces. Dos universos. Una misma noche.

Y detrás de ambos, el mar.

Un festival que comenzó mucho antes del concierto

Pero el Festival del Mar no comenzó cuando se encendieron las luces del escenario.

Horas antes, Coatzacoalcos ya era una ciudad tomada por las familias.

En las Pérgolas, niñas, niños y jóvenes participaron en talleres donde aprender jugando se convirtió en una forma de descubrir el mundo.

El videojuego interactivo Guardianes del Planeta llevó la tecnología al terreno de la conciencia ambiental, enseñando sobre residuos y reciclaje. Después llegaron experimentos para entender los océanos y la necesidad de protegerlos.

Había alebrijes, globos de cantoya, marionetas de papel, cuadros de naturaleza muerta y música.

También hubo jengas gigantes, memoramas y rompecabezas relacionados con los derechos de niñas, niños y adolescentes.

En la Casa de Cultura, la imaginación encontró otra puerta de entrada: Cuéntame una historia, una sesión de narración oral que convirtió la lectura en encuentro.

Y mientras las familias recorrían los espacios culturales, el cielo comenzaba a prepararse para su propio espectáculo.

El cielo también tuvo escenario

A las cuatro de la tarde, el Malecón cambió de color.

Papalotes gigantes comenzaron a cruzar el cielo costero, acompañados por globos que parecían desafiar la gravedad.

Abajo, teléfonos celulares apuntando hacia arriba. Niñas señalando las figuras. Padres buscando el mejor ángulo. Abuelos sonriendo. Familias enteras convirtiendo el paisaje en fotografía.

Por un momento, el espectáculo no estaba sobre una tarima.

Estaba en el cielo.

Y Coatzacoalcos parecía haber entendido algo elemental: recuperar el espacio público también significa devolverle a la gente el derecho a encontrarse, caminar, mirar, conversar y disfrutar su propia ciudad.

También hubo espacio para mirar hacia adentro

En el Gimnasio 20 de Noviembre, la jornada tomó otro rumbo.

El creador de contenido y psicólogo Farid Dieck habló ante jóvenes sobre la construcción de sentido y las experiencias que atraviesan la vida.

No hubo música sinfónica ni papalotes en ese momento.

Hubo preguntas.

Reflexión.

La posibilidad de detenerse un instante para pensar qué significado tienen las experiencias que cada persona carga consigo.

Así, el Festival del Mar consiguió algo poco frecuente: juntar en una misma agenda la música de concierto, el entretenimiento, la ciencia, la educación ambiental, las artes, la lectura, la salud emocional y la convivencia.

Una ciudad frente al mar

Cuando Natalia Jiménez terminó su presentación, la noche ya estaba completamente instalada sobre Coatzacoalcos.

Pero el verdadero protagonista quizá nunca estuvo arriba del escenario.

Estaba abajo.

En las familias.

En los niños corriendo entre las actividades.

En los jóvenes frente a los talleres.

En quienes miraban los papalotes.

En quienes llegaron por Camarena y terminaron descubriendo un taller de arte.

En quienes fueron por Natalia y se quedaron a disfrutar la ciudad.

El Festival del Mar 2026 propone, así, una postal distinta de Coatzacoalcos: una ciudad que vuelve a mirar hacia sus espacios públicos y los transforma en lugares de encuentro.

Con una programación gratuita, ambiente familiar y sin venta de alcohol, la celebración apuesta por una idea sencilla, pero poderosa: que la cultura también puede ser una forma de recuperar la ciudad.

Y esa noche, frente al Golfo, Veracruz cantó.

Primero con la voz monumental de Javier Camarena.

Después con la intensidad de Natalia Jiménez.

Entre ambos, una orquesta, el son jarocho, las familias, los papalotes, los talleres y el rumor interminable del mar.

Coatzacoalcos no sólo fue sede de un festival. Durante unas horas, fue escenario, plaza, escuela, teatro y mirador.

Y mientras el último acorde se perdía sobre el agua, quedaba una certeza flotando en el aire:

cuando la cultura ocupa el espacio público, la ciudad vuelve a pertenecerle a su gente.

#FestivalDelMar #Coatzacoalcos #Veracruz #JavierCamarena #NataliaJiménez #RocíoNahle #Cultura #VeracruzEsCultura #Firmasmx

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