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La traición sin máscara: Claudia Tello, del regazo de Nahle a los brazos de Huerta

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Ayer, en las entrañas de la vetusta Casona o Palacio de Xicoténcatl, el senador cascarrabias Manuel Huerta Ladrón de Guevara nos regaló una estampa que desnuda por completo la peor calaña de la grilla veracruzana. Ahí apareció Claudia Tello, muy oronda, entregándose sin pudor alguno a los brazos del principal crítico de la gobernadora Rocío Nahle. Y no, no se trató de un desliz ingenuo, sino de la más pura y descarada confirmación de una actitud traidora.

La amnesia selectiva y la memoria de la grilla

Hagamos un poco de memoria, esa que en la política veracruzana suele durar lo que un suspiro en el golfo. Durante la campaña, cuando ambos iban supuestamente montados en la misma yunta, la señora Tello decidió poner tierra de por medio porque arrastrarse junto al incorregible Huerta le restaba más que sumarle brillo a sus aspiraciones. Así que, con calculadora en mano y cero desgaste, optó por colgarse de los tumultuosos mítines de Rocío Nahle.

Rocío Nahle siempre ha sido una política con memoria y gratitud. Se le puede cuestionar que es de carácter y que le gustan las cosas derechas, pero sabe reconocer y darle su lugar a quien suma a un proyecto como el suyo; así parecía entenderse cuando en plena campaña afirmaba que Claudia Tello sería su secretaria de Educación, y cumplió sin regateos.

Sin embargo, fue en los siguientes meses de tomar posesión cuando Claudia Tello se ensorbeció, desconoció a todos los que estuvieron en campaña con Rocío Nahle, se atrincheró en la SEV con sus incondicionales, desobedecía las instrucciones de la mandataria y dio manga ancha a sus consentidos para que hicieran y deshicieran, llenándose las alforjas.

Una vez al frente de la dependencia, tuvo el soberbio desatino de imponer a su “consentido” Elías Calixto Armas como Subsecretario de Educación Media Superior y Superior, convirtiendo esa oficina en una auténtica mina de oro. Claro que mal administrada a partir de la más descarada corrupción, con una danza millonaria de recursos en la UPAV, caso por el que ya hay tres detenidos tras las rejas de Pacho Viejo y una larga lista de implicados que están por ingresar en los próximos días.

Y por si fuera poco, en pleno apogeo de su paso por la SEV y con el único afán de quedar bien con la jefa en turno, las propias redes sociales de un grupo compuesto por  empleados eventuales —con Tello al mando— se encargaban de atajar, atacar y ridiculizar sin piedad a Manuel Huerta cada vez que abría la boca para lanzarle ácidas críticas al régimen estatal. ¡Le tiraban con todo utilizando y desviando la estructura de la SEV! Y Huerta lo sabía perfectamente, porque le devolvía tiro por viaje los recortes a su compañera de fórmula con licencia.

La marranería política y el club de los Yunes

Pero la grilla da para todo cuando abunda la falta de carácter. Hoy, aquella que utilizaba los recursos públicos para golpear al crítico feroz —y el mismo crítico que aguantaba y devolvía los embates— se funden en una reconciliación de lo más cínica. Huerta, carente de todo decoro y dignidad, le abre los brazos de par en par, totalmente habituado a la marranería política del “aquí no pasó nada compañera”.

Para que la gobernadora Rocío Nahle lo entienda sin rodeos ni tapujos, su exsecretaria es una traidora de siete suelas que hoy se va a abrazar precisamente con el mismo personaje que intentó abrir las puertas de Morena a Miguel Ángel Yunes Linares y Miguel Ángel Yunes Márquez, vía Adán Augusto López Hernández. Al paso que lleva doña Claudia, no sería nada descabellado que el día de mañana aparezca cenando muy mona en el fraccionamiento El Estero, con un Yunes de amable anfitrión y con el propio Manuel Huerta como invitado de honor para darle la bienvenida al club.

En la política de aquí mero, el adversario que es derecho te avienta el tiro de frente y sin careta. Los falsos son otra cosa: te aplauden y te cobran la venia mientras están en el presupuesto, pero en cuanto se apaga el reflector oficial, corren a hincarse con el enemigo del jefe o de la gobernadora Rocío Nahle en este caso.

A la doctora Tello la congruencia le vale un soberano pepino; su única brújula es el olor a nómina y la comodidad del cargo, probando que para esta tribu de convenicieros, la camiseta se cambia más rápido que de calcetines.

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