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Crónica: La pala, el lodo y el tequio: Juan Javier Gómez Cazarín en El Panorama

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Raúl Domínguez-Pinto/Firmasmx

Coyutla, Veracruz.— La noche comenzó a caer sobre el Totonacapan mientras la carretera esperaba el regreso. Atrás quedaba El Panorama, una comunidad de Coyutla, donde, durante esta histórica tarde del 2 de octubre, la obra pública tuvo un ingrediente que difícilmente aparece en los expedientes oficiales: el trabajo de la gente.

Había llovido, y mucho.

El camino estaba convertido en lodo. Las botas y los tenis pesaban. La ropa comenzaba a pegarse al cuerpo y, en algunos puntos, el agua todavía corría entre las piedras.

Pero nadie parecía tener prisa.

Entre los habitantes se encontraba Juan Javier Gómez Cazarín, delegado federal de la Secretaría de Bienestar, quien había llegado como parte de sus recorridos permanentes por las comunidades del estado y de la supervisión de las acciones del FAISPIAM.

El protocolo duró poco, porque la comunidad tenía otros planes

—¡Véngase al tequio con nosotros! ¿Se anima delegado?

La invitación fue directa.

Y la respuesta del “pequeño gigante” de la política veracruzana fue instantánea.

-A darle. Yo no le saco.

Gómez Cazarín entonces le entró al toro y tomó la pala.

No hizo falta micrófono ni una larga ilustración. La escena se explicó sola.

A un lado, los habitantes.

Al otro, una revolvedora.

En medio, tierra de revestimiento, piedra, cemento, cubetas y palas.

Y ahí estaba el delegado de Bienestar, metido en el lodo, como uno más, trabajando junto a los pobladores.

La política de la pala y el cemento al hombro

Hay fotografías que cuentan una historia completa.

En una de ellas, Gómez Cazarín aparece con la pala entre las manos, junto a trabajadores de la comunidad. En otra, carga material. En algunas más, conversa y cotorrea galán con los vecinos mientras la lluvia convierte el camino en una auténtica prueba de resistencia.

Los hombres llevaban botas de hule. Algunos vestían prendas de manta, propias de la indumentaria tradicional de la región.

Otros trabajaban con los zapatos completamente cubiertos de lodo.

Cazarín no rehuyó la mezcla ni el trabajo físico. Lo hacía como antes de figurar en el escenario político, allá en su natal Hueyapan, cuando todavía no había reflectores ni cámaras siguiendo sus pasos.

Algunos habitantes cargaban cubetas.

Otros preparaban la mezcla.

Unos más extendían el concreto.

El sudor del pueblo también lo transpiraba el funcionario federal.

El trabajo no distingue cargos.

Durante varias horas, todos tuvieron la misma ocupación: sacar adelante la obra.

Eso es el tequio.

Una vieja práctica comunitaria que en muchos pueblos indígenas mantiene vigente una idea sencilla: cuando la comunidad necesita algo, la comunidad trabaja para conseguirlo.

Faltaría más.

En El Panorama, esa tradición se encontró con un programa federal diseñado precisamente para que las comunidades indígenas participen en la definición y ejecución de obras de infraestructura social.

El FAISPIAM contempla recursos para obras de infraestructura social y, en este caso, el trabajo comunitario terminó siendo parte visible de la jornada.

Del escritorio al territorio

Gómez Cazarín lleva años haciendo del territorio una parte visible de su trabajo.

En algún momento ha dejado claro que las “horas nalga” en acojinados sillones y rancios escritorios no van con su convicción de servidor público.

Su ruta, por el contrario, ha estado en las comunidades.

En los caminos.

En las colonias.

En los pueblos.

En el territorio.

En documentos oficiales aparece como delegado de Programas para el Desarrollo en Veracruz, y su presencia se ha hecho visible en actividades relacionadas con los programas federales y la atención directa a comunidades del estado y lo hace con la firme convicción de abonar a las políticas públicas de desarrollo social de la Presidente Claudia Sheinbaum Pardo, pero también para contribuir con el gobierno de la jefa del ejecutivo estatal, Rocío Nahle García.

Pero una cosa es aparecer en una lista de funcionarios y otra, muy distinta, es terminar una jornada con los pantalones salpicados de lodo y las manos sobre una pala.

En El Panorama ocurrió lo segundo.

La escena tuvo algo de aquellas viejas fotografías de la política mexicana en las que el funcionario salía de la oficina para conocer de primera mano el camino, el pueblo, la escuela y el campo.

Solo que aquí no hubo pose.

Hubo trabajo.

La calle como destino

La obra avanzó.

Primero estuvo la tierra.

Después llegó la piedra.

Luego, el cemento.

Y poco a poco comenzó a aparecer una superficie firme donde antes había un camino difícil de transitar. Lodoso como toda la chingada.

Las fotografías muestran el proceso casi como una secuencia cinematográfica: la calle cubierta de grava, los vecinos trabajando, la revolvedora funcionando, las lonas protegiendo el concreto de la lluvia y, poco a poco, la nueva superficie tomando forma.

A unos metros, la iglesia azul observaba la escena.

Las casas permanecían abiertas.

Las señoras hacían tamales para los que se estaban partiendo la espalda.

Los vecinos salían.

Los niños miraban.

Algunos grababan con sus teléfonos (IPhone 16 el más modesto porque las becas del Bienestar están bien invertidas).

Otros simplemente trabajaban.

El pueblo observaba cómo su obra dejaba de ser promesa y comenzaba a convertirse en realidad.

Y llegó la hora del regreso…

Antes de marcharse, quedó una petición.

Un domo.

La comunidad quiere un espacio que le permita reunirse, protegerse de la lluvia y realizar sus actividades.

Gómez Cazarín escuchó.

Y dejó una promesa:

“¡Vamos a regresar!”

No fue la despedida de quien llega, habla y se va.

Fue, por el contrario, el compromiso de volver.

Y ahí está el futuro de esta historia.

Gómez Cazarín regresará a El Panorama.

La promesa quedó hecha.

Y con ella, también el compromiso de buscar que ese domo que hoy solicita la comunidad pueda convertirse en una realidad.

La noche terminó por cubrir las montañas del Totonacapan.

La carretera quedó atrás.

El lodo también.

Pero no la escena.

Porque en El Panorama quedó una de esas fotografías que se graban en el corazón y en la mente de su gente y que difícilmente necesitan explicación:

un funcionario federal con una pala en las manos y bultos de cemento al hombro, rodeado por habitantes de una comunidad que decidieron trabajar juntos.

El político, por unas horas, dejó descansar el escritorio.

Y se puso en el pellejo del pueblo.

Pueblo, pueblo, pueblo, como suele parafrasear a su líder moral, Andrés Manuel López Obrador.

Y en lugar de hablar de transformación, se puso a construirla con el pueblo.

Esta vez dejó descansar a los críticos del PRIAN y hasta a los de su propio partido, recordándoles que el discurso debe ser congruente con los hechos, porque, como bien afirma en su léxico costeño:

“De lengua me como un plato”.

Quizá por eso, cuando cayó la noche y comenzó el regreso, el cansancio pesaba menos.

Quedaban las manos adoloridas.

La ropa mojada.

Los tenis encementados.

Pero también quedaba el corazón contento, porque las familias de El Panorama tendrían desde entonces un recuerdo distinto de aquella jornada: el de un funcionario que no solamente llegó a escucharlas, sino que se metió al lodo y partió el dorso con ellas.

Quedaba también la satisfacción de haber compartido unas horas con quienes todos los días, allá atrás de la montaña, unen fuerzas para avanzar y vivir como Dios manda: en paz.

En El Panorama, Coyutla, el tequio no fue solamente una obra.

Fue una forma de encontrarse.

Y esta tarde de viernes, entre cemento, lluvia y lodo, Juan Javier Gómez Cazarín volvió a hacer lo que suele hacer cuando recorre Veracruz: caminar el territorio, escuchar a la gente y meterse de lleno en sus problemas.

La confianza que ha construido en distintos puntos del estado también le permite acercarse a comunidades donde las diferencias políticas, familiares o personales forman parte de la vida cotidiana.

En algunos pueblos, incluso, esa cercanía le ha permitido escuchar conflictos y tender puentes entre familias confrontadas por cuestiones políticas o de herencias.

Esa es la ventaja de no quedarse en el escritorio a tomar café y rascarse la verija: conocer de cerca al pueblo y sus problemas.

La noche se acercaba, pero en la comunidad quedaba una calle nueva.

Y una promesa pendiente.

El domo.

La carretera esperaba.

El Totonacapan quedó atrás por esta noche.

Pero la historia de El Panorama todavía no termina.

Porque Gómez Cazarín prometió regresar.

Y ahora el pueblo esperará verlo volver.

La historia continúará.

#Firmasmx #JuanJavierGómezCazarín #Bienestar #FAISPIAM #Totonacapan #Coyutla #ElPanorama #Veracruz #Tequio #PueblosOriginarios #ObraComunitaria

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