*La justicia social de la 4T frente al derrumbe de los privilegios
Raúl Domínguez-Pinto/Firmasmx✍️
En los últimos años, el pueblo de México ha sido bombardeado con una sentencia repetida hasta el cansancio: “México está en crisis”. Desde algunos medios tradicionales, opinadores de siempre y voceros del viejo régimen, se insiste en que el país vive un colapso institucional, una supuesta ingobernabilidad o incluso un escenario de emergencia nacional.
Pero al margen del ruido mediático, basta mirar la realidad cotidiana, lejos de las narrativas prefabricadas, para comprender que México no atraviesa una crisis nacional sino el derrumbe de un sistema político que se resistía a perder sus privilegios.
La verdadera crisis: la del viejo régimen que ya no controla el país
Las derechas tradicionales—las del viejo aparato tecnocrático y neoliberal—confunden su pérdida de poder con un colapso nacional. Durante décadas gobernaron desde una lógica de control absoluto del presupuesto, las instituciones y la vida pública. El simple hecho de que una administración con vocación social llegara al poder fue, para ellos, un golpe devastador.
Lo que hoy llaman “crisis” no es más que:
1. La pérdida de los privilegios que creían permanentes.
2. El fin del control discrecional del presupuesto y de sus redes de complicidad.
3. La fractura de su propio andamiaje político, obligado a formar alianzas sin proyecto ni identidad.
Su narrativa de caos nacional es, en realidad, el llanto del poder desplazado y la evidencia del colapso de estructuras que ya no representan a nadie.
La justicia social como eje de la transformación
Mientras las élites políticas lamentan la pérdida de sus espacios de negociación, la Cuarta Transformación ha colocado en el centro a quienes históricamente quedaron al margen:
1. Adultos mayores con pensiones dignas.
2. Jóvenes con acceso a becas y educación.
3. Campesinos, trabajadores y comunidades históricamente olvidadas que hoy reciben programas sociales sin intermediarios.
Esta ampliación de derechos es el núcleo de la inconformidad del viejo régimen. La justicia social los desarma, porque desmonta el sistema clientelar y extractivo que les permitió enriquecerse durante años.
El neoliberalismo y sus silenciosas pérdidas
Durante los gobiernos neoliberales se creó y expandió la red criminal que aún hoy golpea al país. Ningún cártel nació bajo un gobierno de la 4T. Todos se fortalecieron en la época en que el Estado estaba cooptado por el dinero ilícito, por estructuras criminales y por funcionarios que permitieron su crecimiento a cambio de beneficios políticos o económicos.
Hoy, con un gobierno que impide estas complicidades, no solo pierden el control del presupuesto: pierden también las ganancias ocultas que lubricaron su dominio durante décadas.
Esa es la pérdida que duele, la que no confiesan, la que intentan maquillar con discursos de “crisis nacional”.
El caos como estrategia de retorno al poder
Ante su fracaso electoral y el colapso de sus estructuras, ciertos grupos recurren a tácticas peligrosas: magnificar cualquier conflicto, sabotear la estabilidad y convocar movilizaciones disfrazadas de “revoluciones ciudadanas”. No buscan liberar a México, sino provocar un clima artificial de ingobernabilidad que justifique su retorno.
No es casual:
1. Incendios.
2. Vende Patrias pidiendo intervención de EU.
3. Bloqueos.
4. Narrativas de miedo.
5. Llamados a “defender” al país del propio país.
Todo forma parte del intento de construir un ambiente de tensión para confundir a la ciudadanía.
México no está en crisis: está rompiendo con su pasado
El viejo régimen quiere sembrar la idea de que sin ellos no hay país. Pero México es más fuerte que la nostalgia de una élite desplazada. La verdadera fortaleza de la nación está en una ciudadanía que ya no se deja engañar, que distingue entre la crisis de las cúpulas y la estabilidad del país.
Hoy se intenta distorsionar la historia para provocar miedo. Pero basta preguntar a quienes vivieron el México de antes: el de la represión, el abuso policiaco, el silencio obligatorio y la entrega de la soberanía. Ese pasado no debe volver.
Conclusión: la transformación avanza pese a la rabieta del poder perdido
La Cuarta Transformación no solo ha redistribuido recursos; ha redistribuido dignidad. Y ese es el verdadero motivo por el que se intenta imponer la narrativa del colapso. No es México el que está en crisis: es el régimen que vivió décadas a costa del pueblo y que hoy enfrenta su final inevitable.
La ciudadanía tiene la responsabilidad de mirar con claridad, no con miedo.
De defender la verdad, no las narrativas del poder caído.
De recordar que quienes ahora claman “crisis” fueron los mismos que antes callaban, reprimían, privatizaban y entregaban lo que era de todos.
México está de pie.
El viejo régimen, no.