
Raúl Domínguez-Pinto/Firmasmx
Tantita vergüenza debería tener el dirigente estatal del PAN, Federico Salomón Molina, antes de erigirse como juez moral y político desde Xalapa. En días recientes, el líder panista calificó de “carroñeros” a Morena y al Partido Verde Ecologista de México, acusándolos de “robarse” alcaldes y alcaldesas de oposición para construir una mayoría que, según él, no ganaron en las urnas el pasado 1 de junio. El señalamiento, sin embargo, se cae por su propio peso cuando se revisan los hechos y la realidad interna de Acción Nacional.
El caso del alcalde de Jesús Carranza, Ranferi Plata Rodríguez, resulta emblemático. Salomón Molina critica su incorporación a Morena, pero omite un detalle clave: en ese municipio el PAN tiene oficialmente registrados apenas tres militantes. ¿De verdad alguien cree que esa estructura partidista fue suficiente para ganar una elección municipal? Más aún, sería oportuno que el dirigente panista exhibiera los documentos bancarios que prueben que el Comité Directivo Estatal financió la campaña de Plata Rodríguez, o que al menos precise cuánto dinero le entregó como prerrogativa. La respuesta es incómoda, pero conocida: no hubo recursos, tampoco respaldo y menos partido. Un dato, la última comunicación vía telefónica de Ranferi Plata con Salomón Molina fue el 23 de junio del 2024.
El propio Salomón Molina sabe que, tres días antes de la jornada electoral, el PAN fue incapaz de cubrir el cien por ciento de las casillas con representantes acreditados ante el OPLE en Jesús Carranza. Sabe también que el comité estatal no desembolsó un solo peso para apoyar la campaña. Entonces, ¿con qué autoridad reclama “lealtad” o exige explicaciones a un alcalde que ni siquiera es militante panista?
De los 35 presidentes municipales que el PAN presume haber ganado, hoy solo conserva 31. Cuatro ya se fueron: Jesús Carranza, Chumatlán y Coacoatzintla a Morena, y Santiago Sochiapan al Verde. Y el propio dirigente admite que otros dos podrían seguir el mismo camino, presuntamente presionados con la amenaza de un gobierno estatal “con las puertas cerradas”. Pero quizá la verdadera presión no viene de fuera, sino del abandono interno, de campañas sin respaldo y de comités que solo aparecen para reclamar cuando el poder ya está en juego.
Acusar de traición a Ranferi Plata Rodríguez y a Reyna Lorenzo Cruz, alcaldesa de Santiago Sochiapan, sin asumir la responsabilidad del fracaso partidista, es un acto de cinismo político. Si no les dieron recursos, si los dejaron solos en campaña y el día de la elección, y si ni siquiera cumplieron con lo mínimo que marca la ley, entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué los burros azules insisten en rebuznar, si saben perfectamente en dónde está el corral?
Al menos en Jesús Carranza, el triunfo de Ranferi Plata se debió a su alta aceptación popular y a que, como impulsor de Morena en aquella localidad, miles de militantes del morenismo, votaron por el candidato no por el partido, así que desde aquí le decimos a Federico Salomón, a otro perro con ese hueso.