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ANÁLISIS | El poderoso lobby de Israel en Estados Unidos comienza a perder fuerza

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Durante más de siete décadas, el lobby proisraelí ha sido considerado uno de los grupos de presión política más influyentes de Estados Unidos. Su capacidad para financiar campañas, influir en congresistas y moldear la política exterior hacia Medio Oriente parecía prácticamente intocable. Sin embargo, la guerra en Gaza y un cambio generacional en la opinión pública están poniendo a prueba un poder que durante décadas pareció absoluto.

El caso más reciente ocurre en Michigan, donde el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) ha invertido más de 30 millones de dólares para impedir la llegada al Senado del médico Abdul El-Sayed, un demócrata progresista que ha calificado de “genocidio” la ofensiva militar israelí en Gaza.

Más allá del resultado electoral, la contienda se ha convertido en un referéndum sobre una pregunta que hace apenas unos años parecía impensable: ¿el dinero sigue siendo suficiente para controlar el debate sobre Israel en la política estadounidense?

¿Qué es AIPAC y por qué es tan poderoso?

AIPAC no es un partido político ni una dependencia del gobierno israelí. Es un grupo de cabildeo (lobby) cuya misión consiste en fortalecer la relación entre Estados Unidos e Israel.

Durante décadas ha financiado campañas electorales, respaldado candidatos y presionado al Congreso para garantizar ayuda militar, económica y diplomática a Israel.

Su influencia ha sido tal que republicanos y demócratas, prácticamente sin excepción, respaldaron durante años las políticas israelíes.

El consenso comienza a fracturarse

Ese respaldo casi automático empezó a resquebrajarse con la guerra en Gaza.

Las imágenes de miles de civiles muertos, la destrucción masiva y las denuncias internacionales por posibles crímenes de guerra han cambiado el debate, especialmente entre los jóvenes estadounidenses.

Por primera vez, amplios sectores del Partido Demócrata cuestionan abiertamente el apoyo incondicional a Israel.

Incluso organizaciones judías progresistas como Jewish Voice for Peace respaldan candidatos que critican al gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, algo que hace apenas una década era políticamente impensable.

La estrategia del antisemitismo pierde eficacia

Uno de los principales hallazgos del libro Israel’s Lobby, de Eli Clifton e Ian Lustick, es que durante años la principal estrategia consistió en asociar cualquier crítica al gobierno israelí con el antisemitismo.

La fórmula funcionó durante mucho tiempo.

Universidades, académicos, periodistas y políticos enfrentaron acusaciones de antisemitismo simplemente por cuestionar la ocupación de territorios palestinos o el uso de la fuerza militar.

Sin embargo, los propios autores —ambos judíos estadounidenses— sostienen que esa estrategia comienza a agotarse.

Aclaran que el antisemitismo existe y representa un problema real, pero advierten que equiparar automáticamente el antisionismo con el antisemitismo ha terminado debilitando la credibilidad de quienes impulsan ese argumento.

Una nueva generación piensa distinto

Las encuestas muestran un cambio profundo entre los menores de 40 años.

Mientras generaciones anteriores consideraban a Israel como un aliado estratégico incuestionable, muchos jóvenes observan el conflicto desde una perspectiva centrada en los derechos humanos y el derecho internacional.

Las redes sociales también rompieron el monopolio informativo que durante décadas mantuvieron los grandes medios.

Las imágenes provenientes de Gaza circulan prácticamente en tiempo real y han influido en la percepción pública mucho más que los comunicados oficiales.

El dinero ya no garantiza victorias

AIPAC continúa siendo una maquinaria financiera gigantesca.

Pasó de recaudar alrededor de 22 millones de dólares al año en 2000 a casi 120 millones anuales dos décadas después, además de administrar cientos de millones de dólares en activos.

Sin embargo, el caso de Michigan demuestra que incluso inversiones multimillonarias podrían dejar de ser suficientes para definir una elección.

Si Abdul El-Sayed logra imponerse, el mensaje será contundente: los votantes ya no responden automáticamente a las campañas financiadas por el lobby proisraelí.

Lo que realmente está cambiando

Lo relevante no es únicamente el futuro político de un candidato.

Lo que está cambiando es el equilibrio del debate público.

Durante décadas, cuestionar la política israelí significaba un enorme costo político.

Hoy cada vez más congresistas, alcaldes, académicos y líderes de opinión lo hacen abiertamente.

Incluso dentro de la comunidad judía estadounidense crece el desacuerdo con las decisiones del gobierno de Netanyahu.

La conclusión

El lobby proisraelí sigue siendo uno de los más poderosos de Washington y continúa ejerciendo una enorme influencia sobre el Congreso y la política exterior estadounidense.

Pero la guerra en Gaza ha acelerado un fenómeno difícil de revertir: la opinión pública estadounidense comienza a distinguir entre respaldar al Estado de Israel y apoyar sin reservas las decisiones de su gobierno.

Por primera vez en décadas, el debate dejó de girar únicamente alrededor del poder económico y político del lobby para trasladarse a un terreno más complejo: la legitimidad moral de la guerra, el peso de las imágenes que llegan desde Gaza y el cambio generacional en la sociedad estadounidense.

Ese cambio no significa que el lobby haya perdido su influencia, pero sí que su capacidad para moldear el consenso ya no es tan absoluta como lo fue durante buena parte del último medio siglo. #Firmasmx

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