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Vladimir Putin y el difícil arte de no estar donde parece estar

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  • En el Kremlin, descubrir dónde está el Presidente puede requerir más investigación que encontrar un tesoro perdido: hay que revisar plantas, manijas, paredes, trenes secretos y hasta el peinado de los funcionarios.

Moscú.— Hay presidentes que viajan en avión, otros en helicóptero y algunos, aparentemente, viajan en la dimensión desconocida.

Donald Trump provocó críticas recientemente cuando abandonó discretamente el Air Force One durante una escala en Turquía para abordar otra aeronave sin que la Casa Blanca ofreciera demasiadas explicaciones. Un episodio digno de película de espías.

Pero los periodistas rusos, veteranos en estas artes, probablemente observaron la noticia con una sonrisa.

“¿Eso es todo?”

Porque en Rusia, esconder al Presidente no parece ser una operación ocasional: es prácticamente una disciplina olímpica.

La pista está en la maceta

En el universo de Vladimir Putin, averiguar cuándo ocurrió una reunión presidencial puede comenzar con una pregunta aparentemente absurda:

¿Cómo estaba la planta?

Sí, la planta.

Periodistas de investigación han utilizado el estado de las hojas de las plantas que aparecen detrás de Putin en las transmisiones para determinar si una reunión realmente ocurrió el día que asegura el Kremlin.

Si las hojas estaban verdes el lunes y sospechosamente deprimidas el viernes, alguien empieza a hacer cuentas.

Porque resulta que las plantas no leen los comunicados del Kremlin.

De esta manera, algunas investigaciones han sugerido que determinadas reuniones fueron grabadas días antes y transmitidas posteriormente como si fueran acontecimientos recientes.

En Rusia, eso tiene nombre: “konservy”, productos enlatados.

Es decir, reuniones presidenciales previamente grabadas, guardadas en la despensa audiovisual y servidas al público cuando conviene.

“Hoy Putin recibió a…”

Sí, claro.

La planta, sin embargo, parece tener otra versión.

El despacho de Putin: edición IKEA presidencial

Pero el Kremlin no se conformó con jugar a las escondidas con las fechas.

Según investigaciones periodísticas, Putin dispone de oficinas prácticamente idénticas en distintas residencias.

Mismo escritorio.

Misma decoración.

Mismo presidente.

Y aparentemente, la misma intención de confundir al personal de Google Maps.

Los periodistas han terminado examinando detalles microscópicos: manijas, juntas de paredes, acabados y otros elementos que para cualquier mortal son decoración, pero que para un investigador del Kremlin pueden convertirse en la diferencia entre “Putin está en Moscú” y “Putin está a cientos de kilómetros”.

Es como jugar a ¿Dónde está Wally?, pero con un jefe de Estado que tiene presupuesto ilimitado para esconderse.

El tren fantasma presidencial

Y luego está el tren.

Investigaciones periodísticas e imágenes satelitales han identificado infraestructura ferroviaria vinculada a los desplazamientos presidenciales, incluidos ramales exclusivos y estaciones cercanas a algunas residencias de Putin.

Una de esas instalaciones habría contado incluso con helipuerto.

Porque aparentemente, si vas a desaparecer, hay que hacerlo con logística.

Informes también han descrito un convoy blindado acondicionado para funcionar como oficina presidencial, camuflado como tren de pasajeros y equipado con sistemas especiales de comunicación, además de gimnasio y spa.

Porque esconderse del mundo es agotador.

Y alguien tiene que hacer ejercicio durante la fuga.

Putin puede estar en cualquier parte… incluso ayer

La peculiaridad no termina en los desplazamientos.

Funcionarios que se reúnen con Putin pueden mantener el encuentro en secreto hasta que el Kremlin decide publicar las imágenes.

Y cuando finalmente aparecen, la reunión puede presentarse como si acabara de suceder.

El problema es que, algunas veces, la ropa, el peinado o las referencias temporales de los participantes cuentan otra historia.

El Kremlin dice una fecha.

El archivo audiovisual dice otra.

La planta dice una tercera.

Y el periodista termina pensando:

“Bueno, por lo menos alguien aquí está siendo sincero.”

El presidente Schrödinger

El fenómeno ha llevado a periodistas rusos a describir una situación casi filosófica: Putin puede estar en un despacho de Moscú, en Sochi, en una residencia de campo o viajando en un tren secreto.

Y hasta que aparece una prueba definitiva, está y no está al mismo tiempo.

Una especie de presidente de Schrödinger, pero con servicio de seguridad.

La estrategia tiene además una utilidad política: proyectar la imagen de un mandatario permanentemente ocupado, trabajando, reuniéndose, tomando decisiones y controlándolo todo.

Aunque las imágenes hayan sido grabadas días antes.

Es televisión presidencial con edición de Netflix.

Los señuelos también entran en escena

Incluso las enormes caravanas de vehículos que acompañan al mandatario han despertado sospechas de que algunas podrían utilizarse como señuelos.

La idea sería sencilla: si todos creen que Putin está en el automóvil número siete, quizá Putin esté tranquilamente en el número dos.

O en un tren.

O en otro despacho.

O en otra residencia.

O, si las plantas están muy marchitas, en otra semana.

Trump apenas estaría comenzando

Para Mikhail Rubin, periodista de investigación ruso, las maniobras de Trump para mantener en secreto sus movimientos son casi inocentes comparadas con el sistema construido alrededor de Putin.

Y ahí aparece la comparación que resulta más irónica que política.

Trump ocultó un cambio de avión.

Putin, según estas investigaciones, habría convertido su ubicación en información clasificada, su oficina en una réplica arquitectónica, sus reuniones en conservas y sus viajes en una partida de ajedrez ferroviario.

En otras palabras: Trump estaría apenas descubriendo el género.

Rubin lo resume de manera demoledora al describir la imagen pública de Putin como una construcción cuidadosamente fabricada.

Y quizá ahí esté la verdadera especialidad del Kremlin: no se trata simplemente de ocultar dónde está el Presidente.

Se trata de que nadie esté completamente seguro de cuándo, dónde o incluso qué versión de la realidad presidencial está viendo.

Mientras tanto, los periodistas siguen mirando las plantas.

Porque en el Kremlin hasta una maceta puede convertirse en testigo protegido.

#Firmasmx  #Putin #Trump #Rusia #EstadosUnidos #Kremlin #PolíticaInternacional #Periodismo

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