Raúl Domínguez-Pinto✍️
En política, la lealtad auténtica no se improvisa ni se presume: se demuestra en los momentos difíciles, cuando las decisiones implican riesgos y las apuestas no garantizan recompensas inmediatas. En Veracruz, dos cuadros del Movimiento de Regeneración Nacional encarnan esa virtud con disciplina y visión de largo plazo. Se trata de José Noé Castillo Olvera, alcalde de Agua Dulce, y Julio César García Machucho, presidente municipal de Ángel R. Cabada, quienes el próximo 31 de diciembre concluirán su mandato dejando algo más que números: dejan estructura, rumbo y futuro político.
Ambos figuran ya en una lista muy reducida de actores con posibilidades reales de protagonizar el proceso electoral de 2027, cuando se renovarán la Cámara de Diputados y el Congreso local. No es casualidad. Noé Castillo es aliado histórico de la ingeniera Rocío Nahle, desde los tiempos de vacas flacas, cuando acompañar el proyecto significaba más convicción que cálculo. Julio César García Machucho, por su parte, pasó a la historia política de su región al hacer trizas el añejo cacicazgo del ex perredista Arturo Herviz Reyes, abriendo paso a una nueva etapa democrática en Cabada.

Los hechos pesan. Noé Castillo fue el único alcalde del extremo sur de Veracruz al que se le permitió influir en la designación de su sucesor, Ángel Delgado Ramírez. En Ángel R. Cabada, García Machucho literalmente construyó la candidatura de Samantha Sánchez, hoy primera alcaldesa electa por voto directo. En ambos casos, la sucesión no fue improvisación, sino resultado de trabajo territorial, cohesión política y confianza ganada.
Su visión se sustenta en valores poco frecuentes en la coyuntura actual: lealtad y gratitud, pero también constancia y disciplina. De acuerdo con mediciones de organismos como el INEGI, Agua Dulce y Ángel R. Cabada destacan entre los municipios con mayores avances en servicios públicos, percepción de seguridad, educación, electrificación e infraestructura carretera e hidráulica. Gobernar bien también es hacer política con resultados.

La analogía vale la pena porque, tanto en precampaña como en campaña, Noé Castillo y Julio César García hicieron caso omiso a las órdenes del entonces prepotente secretario de Gobierno y respaldaron abiertamente a quien hoy gobierna Veracruz. No solo garantizaron el triunfo de Rocío Nahle en sus demarcaciones, sino que desplegaron estructura y operación política en otros municipios de sus distritos, donde la hoy gobernadora también arrasó. Esa lealtad tuvo consecuencias: les permitió operar su propia sucesión con éxito.
Ahí están los datos. En el distrito 30, Agua Dulce y Moloacán, bajo el liderazgo de Noé Castillo, fueron los únicos municipios que Morena logró ganar, mientras en Nanchital, Las Choapas e Ixhuatlán del Sureste, las desastrosas administraciones dejaron al movimiento en la lona. En el distrito 24, García Machucho no solo arrasó en su tierra; también lo hizo en al menos siete municipios más, donde, llegado el momento, encontrará aliados incondicionales.

Que quede constancia: Noé y Julio tienen futuro. Y no por casualidad, sino porque en política, como en la vida, la lealtad paga y muy bien.