
Tomado de Expansión
El fútbol posee una facultad casi mística de suspender el tiempo, pero en México logró algo todavía más inverosímil: contener la sangre. Durante casi un mes, coincidiendo con el desarrollo de la Copa Mundial de Fútbol 2026 en territorio nacional, el país experimentó un periodo de relativa paz que desafió las tendencias delictivas habituales, registrando el promedio diario de homicidios más bajo de todo el año. Sin embargo, el análisis de las cifras y el cruce con disciplinas como la sociología, la criminología y la neurociencia revelan que no estuvimos ante la erradicación del crimen, sino ante una metamorfosis temporal del comportamiento social.
Las cifras del respiro: Junio histórico
De acuerdo con datos del Gabinete de Seguridad federal, entre el 11 de junio (inauguración del torneo) y el 5 de julio (fecha del último encuentro disputado en el país), México contabilizó 1,007 homicidios dolosos. Esto se traduce en un promedio cercano a los 40 asesinatos diarios, el indicador más bajo en lo que va de 2026.

Hubo jornadas excepcionales dentro de la coyuntura delictiva del país: el 16 de junio se registraron apenas 27 homicidios —hecho destacado por la presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia matutina—, y el 3 de julio la cifra se ubicó en 28 víctimas.
El comportamiento de la violencia se moduló incluso al ritmo de los partidos de la Selección Mexicana, mostrando una escalada directamente proporcional a la tensión del torneo:
La disminución fue especialmente notoria en las tres entidades sede del torneo: Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León. En conjunto, estos estados pasaron de 195 homicidios en junio de 2025 a 135 en junio de 2026, lo que representa una reducción cercana al 31%, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
La ciencia detrás del fenómeno: Efervescencia y neuroquímica

Especialistas en seguridad pública señalan que este descenso responde, en primera instancia, a factores operativos: un despliegue extraordinario de policías, cámaras de videovigilancia y operativos especiales en las ciudades sede, sumado al hecho de que incluso quienes participan en actividades delictivas detienen sus labores para seguir el torneo. Sin embargo, el fenómeno tiene raíces más profundas.

A nivel biológico, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explican que la euforia deportiva detona un auténtico “cóctel” neuroquímico en el cerebro de los aficionados:
Dopamina: Refuerza la sensación de recompensa.
Serotonina: Ayuda a controlar los impulsos y mejora notablemente el estado de ánimo.
Oxitocina: Fortalece los vínculos sociales y reduce la percepción de amenaza.
Si bien este bienestar biológico no anula la criminalidad por sí mismo, al conjugarse con el robustecimiento de los anillos de seguridad en las calles, generó las condiciones ideales para el descenso estadístico.
La paradoja criminológica: El festín de los carteristas

La pax futbolística, no obstante, tuvo una importante excepción. Mientras los delitos de alto impacto caían, el robo de teléfonos celulares encontró en las multitudes el escenario perfecto para proliferar.
La fiscal de la Ciudad de México, Bertha Alcalde Luján, informó la apertura de 92 carpetas de investigación por este delito en el arranque del Mundial, lográndose la recuperación de 44 dispositivos y la detención de 11 personas a cargo de la Secretaría de Seguridad Ciudadana entre el 11 y el 16 de junio.
Este repunte se explica mediante la Teoría de las Actividades Rutinarias (Lawrence E. Cohen y Marcus Felson, 1979), la cual dicta que el delito ocurre cuando convergen tres factores en un mismo espacio y tiempo:
Una víctima potencial.
Un delincuente motivado.
La ausencia de un “guardián capaz”.
Las aglomeraciones masivas en puntos emblemáticos como el Ángel de la Independencia cumplieron a la perfección la fórmula. Con miles de personas saltando, alcoholizadas y con la atención puesta en las pantallas, los delincuentes operaron bajo el anonimato absoluto. La misma euforia que inhibió los homicidios pavimentó el camino para el delito patrimonial.
El “bajón” y el regreso a la realidad

La tregua concluyó de tajo con la eliminación de la Selección Mexicana el 5 de julio. Al desaparecer el estímulo, el festín neuroquímico dio paso al incremento del cortisol (la hormona del estrés), detonando frustración, tristeza y enojo colectivos. Las tensiones cotidianas, congeladas por el júbilo, reclamaron su espacio de la mano con el repliegue gradual de los operativos especiales de seguridad.
Los días posteriores al desenlace tricolor vieron el regreso inmediato a la cruda normalidad de la violencia en el país, con jornadas que volvieron a superar los 50 homicidios diarios.
El Mundial 2026 no solucionó las causas estructurales de la inseguridad en México; simplemente funcionó como un poderoso anestésico social. Comprobó, no obstante, una premisa fundamental para el análisis de la seguridad pública: el crimen no es estático, y las grandes pasiones colectivas tienen la fuerza suficiente para alterar, aunque sea por un breve instante, la fisonomía del delito.