
Estado de México .- A los 78 años de edad y tras cumplir parte de las penas perpetuas impuestas en su contra, murió Andrés Filomeno Mendoza Celis, el feminicida serial cuyo caso conmocionó a la sociedad mexicana tras descubrirse que convirtió su propia casa de Atizapán de Zaragoza en un cementerio clandestino durante casi 30 años. La muerte del agresor pone fin al seguimiento físico del individuo que cometió una serie interminable de asesinatos y mutilaciones contra mujeres en el Estado de México.
La captura de Mendoza Celis ocurrió en la primavera de 2021, cuando la búsqueda desesperada de Reyna “N”, una mujer reportada como desaparecida, llevó a sus allegados y a las autoridades hasta el portón de la calle Margaritas, en la colonia Lomas de San Miguel. Al ingresar al sitio, los agentes de la fiscalía mexiquense se topó con un escenario dantesco: herramientas de corte, manchas hemáticas y restos humanos diseminados en el sótano de la vivienda, lo que desató la mayor intervención forense registrada en un domicilio particular en la región.
El trabajo interdisciplinario de peritos, arqueólogos y antropólogos se extendió por más de un año en la finca del imputado. Durante las excavaciones, se removieron toneladas de tierra e infraestructura hasta recuperar más de 4 mil 300 fragmentos óseos que, tras laboriosos estudios moleculares de identificación genética, correspondían a más de una docena de mujeres víctimas de privación de la vida, así como a menores de edad que acudieron al inmueble bajo engaños.
El bautizado “Caníbal de Atizapán” enfrentó diversos juicios orales en los que se exhibieron bitácoras escritas a mano donde llevaba el registro detallado de las identidades, fechas y características de sus víctimas. La frialdad mostrada por el acusado durante los interrogatorios y las reconstrucciones de hechos confirmó el perfil psicopático con el que operó de manera sistemática, aprovechando la falta de cruce de datos en los reportes de desaparición de años anteriores.
La noticia de su deceso al interior del centro penitenciario fue recibida por colectivos feministas y familiares de las víctimas como un cierre biológico para el agresor, aunque persiste el reclamo de justicia y memoria integral para cada una de las personas cuyos nombres fueron encontrados en los libretos del feminicida. Las autoridades estatales darán curso a los trámites del Registro Civil para la emisión del acta de defunción correspondiente y la entrega de sus restos a familiares directos si son reclamados.