
Raúl Domínguez-Pinto/Firmasmx
El trabajo político de Miguel Guillermo Pintos Guillén ha estado marcado por el contacto permanente con la gente desde aquellos años en que la entonces senadora Rocío Nahle, hoy gobernadora de Veracruz, le encomendó participar en el proyecto de Morena rumbo a la alcaldía de Coatzacoalcos.
Han pasado nueve años y el actual diputado local vuelve a encontrarse en condiciones de competir en las urnas, como ocurrió en 2024, cuando obtuvo la mayor votación registrada hasta entonces para un legislador del Distrito XXIX local.
Pintos Guillén conoce el territorio y lo ha recorrido durante años. No pertenece al grupo de quienes descubren las colonias cuando empiezan las campañas ni al de quienes se acuerdan de los deportistas cuando necesitan votos.
Su paso por la administración municipal como secretario del Ayuntamiento, durante el primer gobierno de izquierda en Coatzacoalcos, entre 2018 y 2021, le permitió conocer de cerca la operación política y las necesidades de una ciudad que después seguiría siendo parte de su actividad.
La línea que ha seguido coincide con una de las premisas que Rocío Nahle ha repetido durante años: mucho territorio y poco escritorio.
Ese ha sido también el camino de Pintos Guillén. Mantener contacto con amas de casa, estudiantes, deportistas, transportistas, pescadores y comerciantes, y atender, en la medida de sus posibilidades, algunas de sus necesidades con recursos propios.

La diferencia se nota especialmente en el deporte amateur, donde su presencia ha sido constante. Se trata de un sector que durante años ha servido de escaparate para muchos políticos cuando se acercan las elecciones y que, una vez terminadas las campañas, suele volver al abandono.
Pintos Guillén ha mantenido ahí una presencia que le ha permitido construir relaciones con clubes, equipos y deportistas de distintas disciplinas. Ese trabajo también forma parte de su capital político.
La otra posibilidad habría sido mucho más sencilla: quedarse en la curul, cumplir con la responsabilidad que implica presidir la Comisión de Vigilancia de la LXVII Legislatura y esperar a que los tiempos políticos hicieran el resto, pero la actividad en territorio indica otra cosa.
Los tiempos de Morena comienzan a acercarse y, con ellos, el movimiento de nombres rumbo a los próximos procesos electorales. En estas etapas sobran quienes se apuntan, quienes anotan a otros y quienes hasta mandan imprimir la fotografía oficial -con retoque incluido- antes de que exista convocatoria.
Algunos periodistas, convertidos en voceros oficiosos del supuesto “alto mando”, ya hicieron cuentas, repartieron candidaturas y hasta mandaron a algunos funcionarios al Congreso Federal antes de que Morena abra formalmente el proceso.
A Margarita Santoprieto, por ejemplo, ya hubo quienes prácticamente la despidieron de la Secretaría de Desarrollo Social y la colocaron con un pie en el Palacio Legislativo de San Lázaro y lo peor, que no le dieron tiempo ni de recoger sus pertenencias.
La política y más a la veracruzana, sin embargo, suele tener la mala costumbre de cambiar los pronósticos de quienes creen conocer de antemano el resultado.
Esto no se acaba hasta que se acaba, como dicen en el beisbol.
¿Santoprieto puede aparecer en la boleta? Sí, permanecer al frente de Desarrollo Social o terminar en alguna posición dentro del Congreso local. Incluso podría disputar una responsabilidad de mayor peso, como la Junta de Coordinación Política o la Mesa Directiva de la próxima Legislatura. Todo eso todavía está por verse.
Pintos Guillén, mientras tanto, llega a esta etapa con algo que no se consigue con una campaña de publicidad: años de recorrido, relaciones construidas en territorio y reconocimiento entre distintos sectores de Coatzacoalcos.
Cuando Morena ponga los nombres sobre la mesa, esos factores tendrán que pesar.
De lo contrario, habría que preguntarse para qué hacer encuestas si al final no se va a tomar en cuenta lo que piensa la gente.
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